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Vengo del corazón a mis trabajos

Una probadita

Una probadita

 

No hablo portugués, ni le entiendo gran cosa; sin embargo las canciones de Cesaria Evora me seducen. ¿Puede ser esto posible? No podría argumentar alguna razón que convalide esa posibilidad, lo que sí puedo anotar es que sus canciones me atraen porque me sugieren, no porque entienda a cabalidad toda esa argamasa que las compone.
Incluso, esto puede dar lugar a una metonimia musical: la parte por el todo, es decir, la melodía en sí –sin letra de por medio– por todo ese universo que transcurre como un canto aterciopelado, lento en su fugacidad y relampagueante en sus atisbos. La voz de Cesaria es deliciosa, y tras todo ese telón de instrumentos siempre sale limpia, emerge como un géiser. Pero ¿a qué viene todo esto?
A que, en ocasiones, lo que me sugiere me dice más que aquello que se abre de par en par y no acaba por generar expectación, mucho menos instantes de satisfacción. Y de esto puedo dar más ejemplos.
En lo tocante a la literatura, por ejemplo, me refiero en particular a lo que no ha sido dicho en el cuerpo del texto, que en ocasiones resulta más impactante que lo escrito; aquello que se sugiere, que no está y sin embargo sí lo está. «El bosque era enorme. Unos pinos altísimos y grises. De lejos vi a la niña que perseguía a un lobo aterrado. Lo juro». En esta minificción titulada «Reversión» de Alejandro Rossi –que, por otro lado, no podría entenderse si no se tiene el referente cultural del cuento de la Caperucita roja– la irrupción que se deleita viene de lo que está ausente, de aquello que el lector comienza a imaginar tras acabar la lectura de estos dos renglones.
En la fotografía acontece otro tanto, similar casi cuando se contemplan imágenes que se consideran de marcado erotismo; a mí me resulta más agradable tratar de descubir lo que está oculto por un velo, un rincón oscuro, la tela que cae pero no acaba de hacerlo; que un cuerpo desnudo que se muestra incólume como el mar helado de los Balcanes –aunque es verdad que no siempre sucede de este modo.

Lo que sugiere, desde este lado del mundo, es casi tan impactante y disfrutable como lo que se expresa anunciado en marquesina y timbales incluidos.

 

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