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Vengo del corazón a mis trabajos

Una frontera

Una frontera

 


«Un empleado del servicio de recolección de basura en Florida, halla una bolsa de plástico con 65 mil dólares y la devuelve a la policía»


Hace unos momentos leí esta noticia en el periódico. Y sí –tengo que reconocerlo–, lo primero que pensé fue «qué pen… sante». Pero, tras reflexionarlo durante un rato, pude imaginar al hombre caminando a la estación de policía, a donde entra y en el mostrador deja la bolsa mientras dice «encontré esta bolsa y vengo a entregarla para que sea devuelta a su dueño».


Es cierto, esto puede sonar irrisorio, inexplicable, fumado, incluso muy pero muy poco creíble; sin embargo, en esas imágenes está contenida una esperanza por los seres humanos que actualmente poblamos este planeta, o como diría un amigo, «no todo está perdido». Y no hablo precisamente de devolver todo lo perdido a sus dueños, sino de ser coherentes con lo que somos y pensamos. Es difícil, lo sé.


Más allá de este comentario de las bondades humanas que, aunque pocas, siguen apareciendo por aquí y por allá; quiero decir que esta historia verídica puede fácilmente rayar en lo fantástico. A menudo, una perspectiva miope de las cosas nos conduce a considerar que lo llamado real es duro, tétrico, intragable; cuando, en la práctica, puede dispararse en distintas direcciones, una de las cuales es lo fantasioso, aquello que le es propio a la imaginación más desatada.


Ahora, «ya entrados en gastos», como se dice comúnmente, por otro lado podríamos plantear dos escenarios: el hombre encuentra el dinero y lo devuelve (lo que sucedió); o, el hombre encuentra la bolsa con el dinero y se la guarda (lo que pudo suceder). En la primera cuestión no queda más que hablar bien del tipo, reconocerle ese acto de valentía y compromiso para consigo y con los demás. En cambio, si este hombre se embolsa los 65 mil dólares, ¿podría alguien recriminarle algo? Quizás sólo él mismo. O por el simple hecho de adueñarse de la bolsa –que encontró en la basura– aunque guarde el secreto, ¿sería reprobable su acto?

«¿Hasta dónde debemos practicar las verdades?», se pregunta Silvio en «Playa Girón».

 

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