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Vengo del corazón a mis trabajos

Se ha ido una

Se ha ido una




El domingo, que transcurrió bajo un sol extendido como un ancho mar, tras una agonía en que me vi impedido a actuar, murió una de las nenas. Por exceso de agua, dijo la Chica Azul. Y yo agrego que, paradójicamente respecto a ese día, le hizo falta luz.

Lo que ahonda en tristeza esta situación es que esa nena había sido un regalo de unos amigos muy queridos: ¿con qué cara habré de decirles, simple y llanamente, que murió?

Por otra parte, inevitablemente traje a la memoria aquella pata de elefante que se secó en el departamento de la Consti-rock, y la planta extraña de la que nunca supimos su nombre.

Con todo, sobreviven todavía cinco nenas más, radiantes y abiertas como la mariposa que se detiene un instante y se prolonga en el espacio.

 

 

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