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Vengo del corazón a mis trabajos

Luciérnagas

Luciérnagas

Mientras bebíamos cerveza en una casa alejada de la ciudad el sábado por la noche, se soltó un aguacero. En un rato parecía que el cielo se precipitaba como un condenado hacia la tierra. Y sobrevino lo que nunca sucede en este país cuando llueve –o sin lluvia–, se fue la luz. A oscuras, con unas velas dispersas por toda la terraza, y algunas lámparas de mano, seguíamos en la guaguara: sin música, sin vernos los rostros, pero a sabiendas de aquí estábamos y nuestras figuras eran más sombras que cuerpos vivos, iba transcurriendo la velada. De pronto, dos luciérnagas rompieron el velo oscuro que nos cubría, dos luciérnagas que comenzaron a bailar por sobre nuestras cabezas, dos luciérnagas que no paraban de moverse, dos luciérnagas que yo hubiera querido atrapar con mis manos, pero ni lo intenté ni creo que ellas se dejarían. Eso me hizo recordar aquel parentesco entre las luciérnagas y los relámpagos: ambos aparecen y desaparecen de un momento a otro, ambos iluminan el espacio que ocupan, ambos siempre son la abertura de un nuevo horizonte ante nuestros ojos, ambos son más poesía que otra cosa. Las luciérnagas, por un tiempo, han querido ser relámpagos; éstos, en cambio, nunca han querido ser luciérnagas, pero bien pudieran parecerlo si se lo propusieran.

 


...Maga, en tiempos de aguas las luciérnagas no vienen a menudo; cuando se asoman, responden, eso sí, las preguntas que tengo para irla pasando
A veces acontece que los relámpagos combaten con las luciérnagas...

Cuando la lluvia irrumpe no hay posibilidad de ver más allá de las ventanas; a lo lejos, cuatro luciérnagas le dan alcance a igual número de relámpagos, se montan en sus lomos, los doman apenas

...las luciérnagas que luchan cuerpo a cuerpo con los relámpagos me son insuficientes, y no queda más que dormir al acecho, con los ojos puestos a ambos lados de la calle...


Los relámpagos, filosos, se arrastran por el suelo; no hay luciérnaga alguna que los distraiga más...
En un último momento, la danza de una luciérnaga ha corrido de mano en mano sobre las azoteas de la ciudad...

 

(Fragmentos, “Carta a la Maga”)

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