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Vengo del corazón a mis trabajos

¡Ay, Pascual….!

¡Ay, Pascual….!

 

Pascual Duarte (La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela) poco a poco fue apareciendo ante mis ojos como un personaje que sufría cada vez una mutación más marcada, y no súbita no como aquél a quien molestaban y se convertía en una enorme mole verde o el Dr. Jekyll que acababa siendo un Mr. Hyde de aspecto horrible: cuando pensaba que a Pascual nada más podría sucederle, o que no sería capaz de hacer otra cosa más atroz que la anterior, Pascual se superaba, y con creces. ¿Quién se atreve a decir que en la literatura no hay lecciones para la vida?
Pascual pertenece a ese estirpe de los que llevan la fatalidad como un tercer ojo en la frente, así como Tiluy o El Jaibo en Los olvidados de Buñuel: los hechos de su vida –no obstante haberse casado dos veces y procreado un hijo, que al fin murió a los once meses por un mal viento– muestran siempre una tonalidad entristecida, lamentable, dramática cuando no en su mayor parte, drásticamente dolorosa. ¡Cómo se empeñan algunos en tropezar siempre, aún cuando lleven la vista levantada! Y vaya que conozco esto de cerca –fuera de la ficción– por algunos allegados.
Es cierto, también tienen su peso las circunstancias y el contexto, pero nadie puede eludir la embestida de los acontecimientos cuando éstos se han empecinado en dar con nosotros: algo semejante le sucede a Pascual, que se vio sorprendido siempre por un destino que desde pequeño le había dado la espalda y al cual nunca supo cómo sacarle la vuelta y aplicarle, apretando los dientes y de puntillas, una verónica.
La desgracia, los accidentes, el odio, la malquerencia, la animadversión, la muerte, de algún modo se las ingeniaban para saltarle al paso: él, curtido por todos esos avatares adversos, en ocasiones ya los esperaba: por ello Pascual también encaja en aquéllos que no pueden creer que las cosas les estén saliendo bien; y si acaso llegan a concebirlo, enseguida conjeturan que alguna desgracia está por desatarse.
Hace poco escribí que esta novela me estaba pareciendo cómica pese a su argumento de fatalidades; hoy, tras concluir el libro, lo cómico ha pasado a deslizarse por debajo de toda esa historia desconcertante, despiadada, irreversible en su apariencia por demás trágica.
Al fin que, ya lo había anotado Carlos Fuentes en La región más transparente (del aire) en boca de Ixca Cienfuegos, «aquí nos tocó vivir». Una especie de sentencia para Pascual porque eso le tocó vivir, y a muchos otros también.

«¿Qué tamaño tiene tu cuerpo / que cabe todo el infierno? / Todo menos tú / menos tú»
Arturo Meza (no recuerdo el título de la canción)

(Hoy es viernes de cinito en casa. Hay planes de ir mañana al estadio a ver a las Chivas por su pase a semifinales. Y en cuanto a mi posible despido, todo está en suspense)

 

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