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Vengo del corazón a mis trabajos

Una disputa de palabras

Una disputa de palabras




Las noticias de que mi hermana menor está embarazada y la novia del hermano de la Chica Azul y una estimada amiga que radica en Estados Unidos, casi llegaron al mismo tiempo. Y entonces, como en todos lados, sobrevino el debate sobre si sería niña o niño, en las que hay verdaderas querencias o sólo deseos como si más. Ya se sabe que en este país, la mayoría de los hombres optan por tener un hombrecito, un macho, para verse calcados en ellos. Incluso hubo un tiempo en que los papás renegaban cuando nacía una mujer, dando al traste con sus planes.


Volviendo a los tres embarazos, contra toda opinión y «señales» que las mujeres saben interpretar respecto a cuál será el sexo del pequeño, yo afirmé, desde tiempo antes de que a través de un eco se determinara qué serían, que los tres iban a ser niños. Y no fue por esa vanagloria de que yo sea hombre. La cuestión fue que, sin saberlo, había emprendido una lucha de todos contra uno, casi.


Las familias involucradas, los padres mismos involucrados, se solazaban diciendo que serían niñas. Incluso, la hermana mayor de la Chica Azul compró ropa para niña antes de saber si realmente sería mujer. El asunto es que las pruebas de eco han venido a medio confirmar mi aventurada opinión: dos bebés serán niños (los de aquí) y una niña, la de la amiga que vive en el extranjero.


Aún finiquitada la cuestión por las pruebas médicas, las mujeres, mostrando una actitud de empecinamiento, han dicho que ha habido pruebas que fallan; es decir, determinan el tipo de sexo, pero el nacimiento devela que era el contrario. En fin, he pensado yo, aferradas y malas perdedoras.


Al fin, y estas palabras sabias dieron cerrojazo final a esta polémica, alguien dijo que lo mejor es que el bebé nazca bien, con buena salud, fuerte. En esto he estado de acuerdo.


Esto lo comento porque hoy, en El País, se publicó una noticia que me dejó impresionado: a una mujer china le han detectado 30 agujas adentro de su cuerpo. Ella y su madre desconocían esto. Ha trascendido que sus abuelos, que querían un nieto varón y no una mujercita, intentaron asesinarla cuando apenas era una niña. La mujer ha vivido con las agujas dentro por casi 30 años. Incluso, uno de estos alfileres está incrustado en una región del cerebro donde sólo pudo ser introducido cuando los huesos estaban todavía blandos. ¡Qué abominable!


Las disputas sobre poder concebir un niño o niña, como toda disputa cuyo resultado está lejos de solucionarse por vía humana, deberían ser sólo eso, una discusión de palabras y nada más.




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