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Vengo del corazón a mis trabajos

¿Qué es la locura sino otro cosmos?

¿Qué es la locura sino otro cosmos?

“De músicos, poetas y locos...”, ¿de verdad todos tenemos un poco?


“¿Los locos somos otro cosmos?”. ¿Qué es la locura sino otro cosmos? ¿Se puede estar loco y cuerdo al mismo tiempo? ¿El loco es sólo un ser incomprendido o lo mueve en el fondo la rebeldía? ¿Qué es la locura? ¿A qué obedece a que alguien se le tache de loco? ¿Hay distintos tipos de locura: aquélla que padece el que está recluido en el manicomio y la que sufrimos los demás, los que andamos por la calle y, sin embargo, también somos prisioneros de una especie de locuacidad? ¿Cómo se puede llegar a ser un loco? ¿Cómo se le ha de hacer para regresar a la cordura? ¿Acaso estoy loco, soy un loco o finjo estar loco? ¿Todos, sin excepción, estamos locos, somos locos, tendemos a la locura? ¿Está loco aquél que disiente de las ideas de los demás? ¿O el que va a contracorriente como el salmón se desplaza río arriba? ¿O el que lleva hasta sus últimas consecuencias sus arranques, instintos, ignorancias, desatinos? ¿O el que piensa en nada y en todo a la vez? ¿O el que pone todo de su parte para mantener vivas las querencias y esperanzas que ante los otros resultan absurdas? ¿O el que lleva la música por dentro, pero también por fuera? ¿O el que simpatiza con lo poco común, aquello calificado como estrafalario, descabellado, incluso grotesco? ¿Qué hay detrás de un loco, cómo fueron su primeros días, el color de sus querencias, dónde echó, al fin, su mirada futura, los sueños que todo mundo de algún modo concibe? ¿La locura nos convierte en otros seres o seguimos siendo los mismos, no obstante el andar desorientado, la mirada extraviada, las palabras guardadas, la vida detenida?

“No me dejes caer hermano mío, ellos me esperan en un rincón, en un rincón del infierno.
No me dejes caer hermano mío, las flores del mal asaltan mis sueños, les quiebran los huesos, se ríen de mí, devoran mi sombra, me mueven el suelo, me muerden los labios.
Estoy cansado de besar el muro frío, de navegar por los pasillos, de mirar el ventanal, de ver morir a mil caballos en el vacío, uno a uno arrojarse serenamente”.
(Arturo Meza, “Las flores del mal”).

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1 comentario

Denise -

Me recuerda a "Los renglones torcidos de Dios" de Torcuato Luca de Tena. Si no lo has leído te lo recomiendo mucho!
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