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Vengo del corazón a mis trabajos

¡Ya aprendí a escribir....!

¡Ya aprendí a escribir....!

Los letreros –ya sea publicitarios, de información, avisos, sólo conocimiento– saturan nuestra ciudad, en todos tamaños, colores, tipografía, formatos, etcétera. Y en su gran mayoría están inundados de descomunales faltas ortográficas, incongruencias, omisiones, que provocan que al fin el mensaje no sea del todo comprendido, cuando no mal asimilado, por los posibles lectores.

Ejemplos de esto sobran: “Descortesias de trancito” (en la parte trasera de una camioneta repartidora), “Tlapalería El balle seco” (anuncio en fachada), “El timbre esta a la buelta” (en cortina de negocio), “Ayuda de Tras Vale” (sobre una puerta de oficina pública), “Favor de guardar silencio” –en lugar de “Por favor, guarde silencio– (en numerosos lugares, privilegiando la forma inglesa por encima del castellano), “Senaduria doña Mari” (en el barrio), entre otros tantos.

Siempre he pensado que sería muy benéfico para la población en general que los rotulistas –especie en extinción–, publicistas y serigrafistas –especie en expansión–, se adentraran en los vericuetos de las normas del lenguaje, por aquello de que el buen decir se plasmara en el bien escribir. Y ya no pido, como lo hace Álex Grijelmo, que todos estos letreros aparezcan escritos con originalidad o talento, sino con la más sencilla limpieza. 

“Y doblan las campanas / porque se muere el dragón / se muere por salvarla / sin que tenga salvación….”
Abel Velásquez, “El dragón”

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1 comentario

Anónimo -

O como "y se generan tribulaciones inexistentes" que es una incongruencia también.
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