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Vengo del corazón a mis trabajos

Brrrr, qué frío

Brrrr, qué frío

 

En estos días hace frío, y corre como caballo desbocado un viento helado por las calles. Al despertar la primera intención es no levantarse, arremangar las cobijas y quedarse ahí debajo. Al abrir y cerrar los ojos la calidez de nuevo se recrea en la atmósfera y el asunto de querer quedarse se alarga, se empecina. El segundo pensamiento es “no voy a trabajar”, como el estribillo de esa canción tan mala. Enseguida se antoja un chocolate, un café, un champurrado, atole o avena, para calentar los adentros: el vapor que sale de la taza pinta en el aire un ánimo renovado, endulza la situación. En el trayecto al baño se apresura el paso para tratar de entibiar los huesos: bajo la regadera el agua caliente hace su tarea y al vestirse el cuerpo ya despide un poco de calor, que habrá que mantener para lidiar de tú a tú con el frío y el viento en la calle, porque no obstante el descenso en la temperatura hay que atreverse a salir, algunas cosas no pueden esperar. Afuera, casi todos caminan escondiendo la cara, frotándose las manos, que luego meten en la chamarra o en el pantalón. Algunos llevan guantes y bufanda, otros incluso, los más osados, sólo lucen una playera o camisa de manga corta. “Hay de todo en la viña del Señor”, dicen. Pero el frío se hace sentir, embadurna los cuerpos y aguijonea el ánimo. Y los que saben de esto dicen que esto del frío viento y del frío frío va para largo. Cuando uno les cree sobreviene el chasco; y cuando el descrédito los ronda le atinan a su pronóstico del tiempo.

Con todos estos avatares, sigo prefiriendo el frío al calor: este clima es más dado a lo íntimo, a la charla tras las ventanas, a tirarse a ver una película o leer un libro encobijado, a escuchar música y mirar las nubes flacas, a beber más café del ordinario, a tratar de no moverse para no dar un paso en falso ante el frío, porque el frío siempre será bienvenido, siempre se le abrirán las puertas aunque no avise sobre su visita, siempre será el mejor presagio de un abrazo tan largamente deseado.  

(Contra todos los pronósticos de reseñas en medios y periódicos, Los sultanes del sur me pareció una buena película: su principal virtud, según mi parecer, es que el espectador nunca sabe para dónde va a tirar la historia, cosa que no cuadra con el género del filme.)   

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